La mañana era radiante. Una de esas de domingo a finales de abril que parecen hechas a propósito para que los adolescentes como ellos salgan a la calle a celebrar la vida. Habían quedado todos en un punto del centro de la ciudad, como siempre, y hacía rato que paseaban, parloteaban y reían por cualquier tontería, sin parar. Como siempre.
Sentada allí, a solas, reparó en lo bonita que era la plaza y en el encanto que le daba aquella fuente. El colorido de las flores que la circundaban alegraba la vista, y el chorro de agua que caía sobre el pequeño estanque era un rumor relajante, sereno, que invitaba a quedarse. En la plaza se veían niños que jugaban y correteaban sin parar, llenándola de vida, y hombres y mujeres de todas las edades sentados tranquilamente en los bancos, charlando entre ellos, tomando el sol o leyendo un periódico.
La estampa componía un conjunto de armonía alegre, apacible y perfecta.
Contemplándolo, se preguntó qué sería de todo aquello dentro de unos años. Apenas lo pensó y, en ese instante, una sombra oscureció su frente.
«¿Y de mí? ¿Qué será de mí dentro de unos años? ¿Cómo será mi vida? ¿Cómo seré yo?»
Sintió un ligero estremecimiento, una sensación muy parecida al vértigo. Aquella incertidumbre, nueva y desconocida, le provocó intranquilidad y desasosiego.
Sin embargo, la turbación le duró apenas unos segundos.
El alboroto del grupo, que ya regresaba, y la voz alegre y risueña de Laura —«¡Te he hecho una foto!»— la devolvieron a la realidad. Se levantó para ir a unir su risa quinceañera a la de los demás.
Fue hacia ellos corriendo.
Como queriendo huir del futuro.

Me ha encantado! Me he quedado con ganas de seguir! ! Artista
ResponderEliminary el futuro la atrapó en ese pasado, para siempre, estático.
ResponderEliminarFeliz Noche, querida Estrella.